EL HERMOSO PRIVILEGIO DE ENSEÑAR

martes, 29 de mayo de 2007


AHORA SI!!.

Hace algun tiempo que no escribía, la inspiración andaba media perdida, jeje. Pero acá estoy de nuevo, y que mejor que recomenzar escribiendo de mi pasión, y una de mis mayores alegrías: Enseñar.

Enseñar para mi es todo, o bueno, tal vez sea una exajeración, en realidad DIOS es todo, pero es aquello para lo cuál él me capacitó. Siempre he entendido mi vocación como algo que haría sin esperar recibir nada a cambio, es decir, que encima me remuneren por hacerlo, es un doble privilegio.

Que tremendo es entender que esos "pequeños", en su formación, estan recibiendo un poquito de ti, tal vez suene algo pretencioso, pero es la realidad, si yo en este momento me miro, veo en mi un poquito de quienes me formaron cuando no sabia nada, el mejor ejemplo es que estudié Biología entre otras cosas, por lo buena que fue mi profesora de enseñanza media.

Otra cosa que me a impactado desde siempre, es la preciosa vocacion que tenia por enseñar, nuestra premio nobel Gabriela Mistral, asi que una forma de homenajearla es terminar con uno de sus poemas de maestra.


LA ORACION DEL MAESTRO (Adaptación)

¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra
o, que Tú llevaste por la Tierra.

Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.

Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.

Dame el ser más padre que los padres, para poder amar y defender como ellos lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de uno de mis niños mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.

Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.

Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.

Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.

Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.

Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.

Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.

Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos en el costado ardiente de amor.


Con amor...



DAVID